En los últimos años, el rápido envejecimiento de la población china y la urbanización masiva han generado un aumento significativo de personas que viven solas, especialmente entre la generación de los "baby boomers" y los jóvenes profesionales que migran a grandes ciudades.
Empresas emergentes han creado aplicaciones que conectan a usuarios con "companeros" remunerados, quienes ofrecen conversaciones, videollamadas y acompañamiento virtual a cambio de una tarifa. Estas plataformas, a menudo operadas bajo la etiqueta de "servicios de bienestar emocional", se promocionan como una solución para combatir la soledad y la depresión.
El modelo ha despertado la atención de reguladores y activistas, que cuestionan la posible explotación laboral, la privacidad de los datos y la normalización de relaciones comerciales basadas en la intimidad. Mientras tanto, el gobierno chino ha señalado la necesidad de fortalecer la red de apoyo social tradicional, sin prohibir explícitamente el sector.
A nivel internacional, el caso chino se inserta en una tendencia global donde la tecnología se utiliza para abordar problemas sociales, aunque no exenta de controversias éticas y regulatorias.


