El Departamento de Comercio de Estados Unidos activó recientemente la legislación histórica conocida como Smoot‑Hawley para imponer aranceles a una serie de productos originarios de Canadá. La decisión, anunciada en Washington, se produce en medio de una creciente incertidumbre sobre la vigencia y el alcance del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (USMCA), cuyo proceso de renegociación ha mostrado señales de estancamiento.
John Chalecki, analista del Atlantic Council, explicó que la medida busca presionar a Ottawa para que adopte una postura más alineada con la política comercial de la administración estadounidense. Sin embargo, los expertos advierten que la estrategia podría desencadenar una cadena de represalias que afectaría a sectores clave de la economía canadiense, como la automotriz y la agroindustria, y que, a su vez, erosionaría la confianza de los inversores en la estabilidad del bloque comercial.
En paralelo, la incertidumbre del USMCA ha generado un vacío que China está dispuesto a llenar. Según los comentarios de Chalecki citados en varios medios internacionales, la fragmentación del acuerdo norteamericano abre la puerta a que empresas chinas aumenten su presencia en mercados antes dominados por firmas de EE.UU. y Canadá, especialmente en sectores de alta tecnología y materias primas.
El escenario plantea un dilema para los responsables de política exterior de Washington: mantener una postura firme contra lo que perciben como prácticas comerciales desleales de Canadá o evitar una escalada que pueda debilitar la cohesión del bloque norteamericano y favorecer la expansión de la influencia china en la región.

