Las elecciones intermedias de EE. UU., previstas para el 5 de noviembre de 2026, se perfilan como un referéndum sobre la dirección que tomará la política exterior estadounidense en los próximos años. Las encuestas de Reuters/Ipsos indican que solo el 32 % de los votantes aprueba la gestión de Donald Trump, su nivel más bajo desde que asumió la presidencia en 2017. Este descenso se produce en medio de una campaña marcada por la inflación, el costo de vida y la inmigración, temas que dominan el debate interno.
En el plano internacional, la región de Asia‑Pacífico observa con atención los resultados estadounidenses. Desde la imposición de aranceles bajo la administración de Joe Biden y la posterior escalada de la guerra contra Irán, los países de la zona – como Japón, Corea del Sur y Australia – demandan "cambios enormes" en la estrategia de Washington. Un mayor apoyo al Congreso republicano podría traducirse en una postura más dura contra China, con posibles aumentos de aranceles y una mayor presencia naval en el Indo‑Pacífico.
Sin embargo, los analistas advierten que la fragmentación del electorado estadounidense podría limitar la capacidad de cualquier partido para impulsar una agenda exterior coherente. Los votantes demócratas y republicanos siguen estando divididos en torno a la política comercial y a la participación militar en conflictos externos, lo que sugiere que cualquier cambio dependerá de negociaciones internas y de la presión de aliados regionales.
En conclusión, el desempeño electoral de Trump y la polarización del Congreso determinarán si EE. UU. adoptará una política más agresiva o buscará la cooperación con sus socios asiáticos. El escenario geopolítico de la región está en juego, y los próximos meses serán decisivos para definir la dirección de la estrategia estadounidense en el Indo‑Pacífico.

