La guerra entre Estados Unidos e Irán ha expuesto las limitaciones del poder militar para lograr objetivos estratégicos, con Europa en una posición de papel secundario frente a las decisiones políticas de Washington y la resistencia iraní. Los analistas destacan que, si bien EE. UU. mostró capacidades tácticas, Irán ha emergido como el ganador estratégico, aprovechando la cohesión regional y el apoyo internacional para contener la presión. Este escenario redefine el orden geopolítico y plantea interrogantes sobre la efectividad de las sanciones y la diplomacia en un mundo multipolar.
