El 1 de noviembre de 2026 se celebraron las elecciones parlamentarias en Israel, dejando al país sin una mayoría clara. El presidente Isaac Herzog tiene hasta el 11 de noviembre para nombrar a un candidato que forme gobierno, una tarea que se ha vuelto compleja debido al creciente número de partidos y a la fragmentación del espectro político.
Los principales contendientes son el partido Likud, liderado por Benjamin Netanyahu, y una coalición de partidos de centro‑izquierda encabezada por Yair Laplante. Ambos buscan alianzas con partidos religiosos y nacionalistas, lo que complica la formación de una mayoría estable.
La demora en la creación del ejecutivo tiene implicaciones directas en la política de seguridad, particularmente en la gestión del conflicto con los palestinos y en la relación con Irán. Observadores internacionales advierten que una coalición inestable podría limitar la capacidad de Israel para negociar acuerdos de paz o responder a amenazas externas.
Mientras tanto, la sociedad israelí muestra signos de polarización, con protestas tanto a favor como en contra de los principales líderes. La presión interna y externa mantiene la situación en un estado de desarrollo constante, sin una resolución a la vista.


