En el marco de las elecciones intermedias de 2026, el Partido Republicano de Texas aprobó una reforma del mapa electoral que redefinió los límites del distrito congresional 32. La medida, impulsada por líderes estatales, pretendía agrupar a votantes conservadores y diluir la presencia de electores demócratas, garantizando así una mayor probabilidad de victoria para el candidato republicano.
El nuevo trazado incluyó áreas rurales tradicionalmente republicanas y excluyó varios barrios urbanos con tendencias demócratas. Tras la votación, el candidato republicano resultó electo con apenas un 2 % de ventaja sobre su rival demócrata, lo que evidencia que la estrategia de rediseño apenas logró su objetivo. Los analistas políticos señalan que la estrechez del margen sugiere que la maniobra de gerrymandering no fue tan eficaz como se esperaba.
Organizaciones defensoras de la integridad electoral, como la ACLU y Fair Fight, presentaron demandas ante los tribunales federales alegando que la redibujación vulnera la igualdad de voto y favorece indebidamente a un partido. El caso ha sido citado como un precedente potencial para futuros litigios en otros estados donde la polarización política es igualmente intensa.
Mientras tanto, el Congreso estatal de Texas ha anunciado que revisará la legislación de redistritación antes de la próxima ronda electoral de 2028, bajo presión de grupos de la sociedad civil y de algunos legisladores republicanos moderados que temen que la práctica pueda erosionar la confianza pública en el proceso democrático.
