El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció la suspensión de un paquete de sanciones contra Rusia que estaba programado para entrar en vigor el 21 de octubre. Según sus palabras, la medida pretende crear un espacio de negociación que permita avanzar en conversaciones de paz entre Moscú y Kiev.
Trump acusó al presidente ucraniano Volodímir Zelenskiy de obstinarse en una postura que, según él, dificulta la conclusión de un acuerdo. En una rueda de prensa, el mandatario estadounidense sostuvo que “Ucrania no quiere la paz” y que la presión sobre Rusia solo empeora la situación.
La postura de la Casa Blanca ha sido recibida con escepticismo por la comunidad internacional. La Unión Europea y varios aliados de la OTAN calificaron la suspensión como una “jugada peligrosa” que podría debilitar la cohesión frente a la agresión rusa. Por su parte, el gobierno ruso agradeció la medida, aunque sin ofrecer concesiones concretas.
En Washington, la decisión ha generado tensiones dentro del Congreso, donde varios legisladores demandan una revisión del proceso y la imposición de sanciones más estrictas. La controversia se suma a un clima político interno polarizado y a la incertidumbre sobre la dirección de la política exterior estadounidense en el conflicto ucraniano.


