El pasado 15 de octubre, el techo de una escuela primaria en el distrito de Peshawar, en la provincia de Khyber Pakhtunkhwa, se vino abajo mientras los niños asistían a clases. El colapso dejó un saldo de 28 fallecidos, entre ellos una profesora y 27 estudiantes, y más de 40 personas resultaron heridas de diversa gravedad.
Los equipos de rescate, encabezados por la Oficina de Emergencias de Pakistán, trabajaron durante varias horas bajo condiciones difíciles para extraer a los sobrevivientes de los escombros. Las autoridades locales declararon estado de emergencia y movilizaron hospitales de la zona para atender a los heridos, mientras se iniciaba una investigación preliminar sobre las causas del derrumbe.
El ministro de Educación de la provincia anunció la apertura de una comisión investigadora para determinar si la construcción de la escuela cumplía con los códigos de seguridad vigentes. Asimismo, se prometió destinar fondos inmediatos para la reparación de la infraestructura y la reubicación temporal de los estudiantes mientras se realizan las reparaciones.
Este trágico suceso ha reavivado la discusión pública sobre la crónica falta de inversión en infraestructura escolar en Pakistán, donde miles de instituciones educativas operan en edificios precarios. Organizaciones de la sociedad civil exigen una revisión exhaustiva de los estándares de construcción y una mayor supervisión gubernamental para evitar futuros incidentes.


