El gobierno de la India ha puesto en marcha una serie de acciones destinadas a acallar a sus críticos, desde jóvenes manifestantes hasta periodistas, según informó Al Jazeera. La campaña incluye detenciones, censura de contenidos y la utilización de tecnologías de vigilancia para monitorear a opositores.
Los críticos describen la estrategia como una “guerra contra los cucarachas”, una metáfora que alude a la supuesta amenaza que representan los disidentes para la estabilidad del país. Las autoridades justifican estas medidas como necesarias para proteger la seguridad nacional y combatir la desinformación.
Organizaciones de derechos humanos y gobiernos extranjeros han denunciado la escalada de la represión, advirtiendo que la falta de libertades civiles podría erosionar la posición de la India como una democracia vibrante.
El impacto de estas políticas se extiende a la esfera económica, ya que la percepción de un clima autoritario puede desalentar inversiones extranjeras y afectar la reputación internacional del país.


