El pasado 15 de octubre, los hutíes lanzaron varios misiles balísticos contra el palacio presidencial en la ciudad portuaria de Adén, en el sur de Yemen. Según el ministro de Información, dos personas fallecieron en el ataque y el resto de los funcionarios, incluido el primer ministro, resultaron ilesos. La coalición liderada por Arabia Saudita responsabilizó a los rebeldes de haber adquirido componentes de misiles de países de la región, lo que sugiere una posible ampliación del suministro de armamento.
El ataque se produce en medio de una fase de estancamiento militar, pero con crecientes indicios de que los hutíes buscan demostrar su capacidad operativa ante la población y los aliados internacionales. La respuesta de la coalición ha sido condenar el acto y advertir sobre posibles represalias aéreas, aunque hasta el momento no se ha anunciado una nueva campaña de bombardeos.
Organizaciones humanitarias han reiterado su preocupación por la seguridad de los civiles en Adén, una zona ya gravemente afectada por los combates y el bloqueo económico. El aumento de la violencia podría dificultar aún más la entrega de ayuda y agravar la crisis humanitaria que afecta a más de 20 millones de personas en Yemen.
En el plano diplomático, el incidente refuerza la presión sobre los actores regionales para que limiten el flujo de armas y busquen una solución política al conflicto, que lleva más de ocho años sin una resolución clara. La comunidad internacional observa con cautela los próximos movimientos militares de ambas partes.


