Durante los últimos días, los combates entre las fuerzas leales al gobierno y los rebeldes hutíes se han intensificado en varias provincias del norte y sur de Yemen, generando al menos 250 muertos y 600 heridos, según informes de la ONU.
Los ataques aéreos y los bombardeos de artillería han destruido infraestructuras críticas, incluyendo hospitales y centros de distribución de alimentos, lo que ha dificultado la entrega de ayuda humanitaria. Las organizaciones internacionales advierten que la escasez de combustible y la inseguridad impiden el acceso a zonas necesitadas.
La población civil, ya afectada por años de guerra, enfrenta una creciente escasez de agua potable y alimentos, con más de 20 % de los niños bajo riesgo de desnutrición aguda. Los desplazados internos superan los 4 millones, y muchos viven en campamentos sin servicios básicos.
A pesar de los llamamientos a un alto el fuego, las partes en conflicto siguen sin llegar a un acuerdo, lo que mantiene la región en una espiral de violencia y sufrimiento que amenaza la estabilidad del Cuerno de África.

