Un barco que transportaba a 350 migrantes se volcó en el estrecho de Bab el‑Mandeb, frente a la costa de Djibouti, provocando la muerte de al menos 109 personas, entre ellas 15 niños, y la desaparición de 116 más. Las autoridades locales confirmaron que la embarcación estaba sobrecargada y que las condiciones del mar eran adversas.
El incidente se produce en medio de una creciente ola de intentos de cruce del estrecho, ruta estratégica que conecta el Mar Rojo con el Océano Índico y que es utilizada por migrantes que huyen de conflictos y pobreza en el Cuerno de África y el sur de Yemen. Las organizaciones humanitarias denuncian la falta de patrullaje y de rescate eficaz en la zona.
El gobierno de Djibouti ha solicitado apoyo internacional para reforzar la vigilancia marítima y ha pedido a la ONU que intensifique los esfuerzos de protección de los migrantes. Mientras tanto, ONG como la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) están trabajando para localizar a los desaparecidos y ofrecer asistencia a los sobrevivientes.
El desastre subraya la vulnerabilidad de los migrantes que arriesgan sus vidas en travesías peligrosas y plantea preguntas sobre la responsabilidad de los países de tránsito y destino en la gestión de la crisis migratoria regional.


