El 19 de octubre de 2026, dos ataques con drones sobre la zona de al‑Dibab, en el estado de West Kordofan, dejaron al menos 160 personas fallecidas y decenas de heridos. Según testigos, los drones sobrevolaron el mercado local y un centro de transporte, impactando en dos oleadas que destruyeron puestos de venta y vehículos de carga. Las autoridades locales y organizaciones de derechos humanos denunciaron que los ataques se dirigieron deliberadamente contra la población civil, sin identificar a los responsables, aunque se sospecha la participación de milicias respaldadas por fuerzas externas.
El Ministerio de Defensa de Sudán emitió un comunicado en el que condenó los ataques y solicitó una investigación internacional, mientras que el Consejo de Derechos Humanos de la ONU pidió una revisión urgente del uso de armas no tripuladas en conflictos internos. Grupos de la sociedad civil han pedido la imposición de sanciones contra los proveedores de tecnología de drones, argumentando que su uso ha escalado la violencia y dificultado la protección de la población.
El impacto humanitario es profundo: hospitales locales reportan una escasez crítica de suministros, y cientos de familias se encuentran desplazadas sin acceso a alimentos ni agua potable. La comunidad internacional ha expresado su preocupación, y varios países han ofrecido asistencia médica y humanitaria, aunque la inseguridad impide la llegada de ayuda en muchas áreas.
Este episodio se suma a una serie de incidentes similares que han marcado el conflicto sudanés desde 2023, cuando el uso de drones comenzó a proliferar en la región. La falta de un acuerdo de alto el fuego y la fragmentación de los grupos armados hacen que la situación siga siendo extremadamente volátil.


