El 29 de septiembre de 2026, un avión de la Fuerza Aérea de Myanmar lanzó un ataque contra un mercado abarrotado en la zona de Rakhine, una región controlada en parte por grupos rebeldes étnicos. Según testigos, el bombardeo dejó al menos 50 personas fallecidas y decenas de heridos, entre civiles que buscaban alimentos y mercancías.
El gobierno militar justificó la operación como una "acción contra objetivos insurgentes", aunque no se identificaron estructuras militares en el sitio. Organizaciones de derechos humanos y la ONU calificaron el ataque como un posible crimen de guerra, exigiendo una investigación independiente.
Este incidente se produce en medio de una escalada de violencia en el norte de Myanmar, donde el ejército ha intensificado sus operaciones contra la Liga Nacional de Rakhine (RNLF) y otros grupos armados que buscan mayor autonomía. La población civil, ya desplazada por años de conflicto, enfrenta una nueva ola de temor y desplazamiento interno.
A nivel internacional, el bombardeo ha reavivado las críticas a la junta militar, que enfrenta sanciones de Estados Unidos y la Unión Europea. La presión diplomática busca forzar un retorno a las negociaciones de paz, aunque el gobierno militar ha mostrado poca disposición a ceder.

