El pasado 27 de octubre de 2026, al menos 72 personas perdieron la vida en una serie de incursiones coordinadas de ganado que se extendieron por los estados de Jonglei y Upper Nile, en Sudán del Sur. Los atacantes, identificados como milicias locales vinculadas a disputas de retribución, quemaron aldeas, saquearon ganado y dejaron cientos de heridos. Las víctimas, en su mayoría civiles, fueron alcanzadas mientras intentaban proteger sus rebaños, un recurso esencial para la subsistencia en la región.
El gobierno de Sudán del Sur, encabezado por el presidente Salva Kiir, condenó los hechos y declaró estado de emergencia en las áreas afectadas. Al mismo tiempo, la Comisión Electoral Nacional anunció que los ataques podrían retrasar la logística de la primera elección presidencial del país, prevista para 2027, al dificultar el acceso a los centros de votación en zonas rurales.
Organizaciones humanitarias, entre ellas la Cruz Roja y OCHA, alertaron sobre una creciente ola de desplazamiento interno, estimando que más de 15.000 personas han abandonado sus hogares en busca de refugio seguro. La escasez de alimentos y la destrucción de ganado agravan una crisis humanitaria que ya afecta a más de un millón de sudaneses del Sur.
La comunidad internacional ha instado a las partes en conflicto a cesar las hostilidades y a respetar los derechos humanos. La ONU ha enviado una misión de observación para evaluar la situación y facilitar diálogos de reconciliación entre las comunidades en guerra.

