El pasado 14 de octubre de 2026, la madrugada, una serie de misiles balísticos rusos impactó en varios centros de generación y transmisión eléctrica en Ucrania, dejando sin suministro a aproximadamente seiscientos mil ciudadanos, según informó el presidente Volodímir Zelenski. Las autoridades locales confirmaron al menos seis fallecidos y numerosos heridos, mientras los equipos de emergencia luchaban por restablecer la red en medio de intensas lluvias.
Los ataques se produjeron en zonas estratégicas alrededor de Kiev y otras ciudades del centro del país, donde la infraestructura eléctrica ya mostraba vulnerabilidades tras años de conflicto. Testigos describieron explosiones seguidas de columnas de humo que se elevaban sobre los transformadores dañados, generando un clima de pánico entre la población que dependía del suministro para calefacción y servicios médicos.
En respuesta, Zelenski calificó el bombardeo de "crítico" y solicitó a los aliados occidentales una mayor protección de la red eléctrica, advirtiendo que la interrupción prolongada podría desencadenar una crisis humanitaria de gran escala. La comunidad internacional condenó el ataque, recordando que el derecho internacional humanitario prohíbe dirigirse contra infraestructuras civiles esenciales.
Mientras tanto, los servicios de reparación trabajan en turnos de 24 horas para restablecer la energía, aunque se prevé que la normalización completa pueda tardar varios días. El incidente refuerza la estrategia rusa de presión mediante la destrucción de recursos críticos, una táctica que ha sido denunciada repetidamente por organismos de derechos humanos.


