El primer ministro Mark Carney anunció el 4 de octubre de 2026 que las Fuerzas Armadas canadienses están ejecutando simulacros de una hipotética invasión proveniente de los Estados Unidos, centrados en la frontera de Michigan y la zona de la presa de Niagara. El objetivo del ejercicio es evaluar la capacidad de respuesta de las fuerzas canadienses, identificar vulnerabilidades críticas y mejorar la coordinación interagencial.
Según la BBC, el escenario contempla una ofensiva terrestre y aérea, con énfasis en la protección de infraestructuras estratégicas como la presa de Niagara, que es vital para el suministro energético de la región. Aunque la probabilidad de que Estados Unidos lleve a cabo una invasión es extremadamente baja, el gobierno canadiense considera que la preparación es esencial para cualquier contingencia, incluida la posibilidad de conflictos híbridos o ciberataques.
El anuncio ha generado debate interno sobre la relación bilateral con Estados Unidos, un aliado histórico en materia de defensa y comercio. Algunos analistas señalan que el ejercicio podría servir también como una señal de autonomía estratégica para Canadá, reforzando su posición dentro de la OTAN y su capacidad de actuar de manera independiente en caso de crisis.
En términos geopolíticos, el simulacro subraya la importancia de la seguridad fronteriza en América del Norte y la necesidad de mantener una defensa robusta ante cualquier eventualidad, incluso aquellas consideradas improbables. La iniciativa también podría influir en futuras discusiones sobre la modernización de la infraestructura de defensa y la cooperación en inteligencia entre ambos países.


