Un edificio de ocho pisos en el barrio Eastleigh de Nairobi se derrumbó el 23 de octubre, atrapando a cientos de residentes y trabajadores. Testigos afirman que el inmueble nunca obtuvo un certificado de ocupación y que el suelo estaba saturado por lluvias intensas durante los últimos días.
Los equipos de rescate, liderados por la Policía Nacional de Kenia y la Cruz Roja, emplearon maquinaria pesada y perros de búsqueda para localizar a los supervivientes entre los escombros. Hasta el momento, se reportan 45 fallecidos y más de 120 heridos, entre los que se incluyen niños y ancianos.
El alcalde de Nairobi, Johnson Sakaja, anunció la apertura de una comisión de investigación para determinar las responsabilidades de los constructores, propietarios y autoridades municipales que permitieron la construcción sin los permisos requeridos. La tragedia ha reavivado el debate sobre la normativa de construcción y la proliferación de edificaciones informales en áreas de rápido crecimiento urbano.
Organizaciones de derechos humanos y grupos de la sociedad civil exigen una revisión urgente de los procesos de inspección y la aplicación de sanciones más severas para prevenir futuros colapsos que pongan en riesgo la vida de miles de kenianos.

