La Comisión Electoral de India (ECI) se encuentra bajo una nueva tormenta de críticas tras la publicación de acusaciones que involucran a su presidente, Gyanendra Singh, por presunto uso indebido de recursos y manipulación de datos electorales. Las alegaciones surgieron a raíz de documentos filtrados que supuestamente demuestran contactos irregulares con partidos políticos.
El organismo, responsable de supervisar unas elecciones que se celebrarán en abril de 2027, ha sido históricamente visto como una institución robusta y autónoma. Sin embargo, la confianza de la ciudadanía se ha visto erosionada, con encuestas que indican que el 42 % de los encuestados duda de la imparcialidad del proceso.
El gobierno central ha prometido una investigación independiente, mientras que la oposición exige la destitución inmediata del presidente de la ECI. Organizaciones internacionales de observación electoral, como la UE y la Commonwealth, han solicitado garantías adicionales para asegurar la transparencia del próximo comicio.
Expertos en política comparada advierten que una crisis de credibilidad en la autoridad electoral podría desencadenar protestas masivas y afectar la estabilidad política del país, que es la democracia más poblada del mundo. La situación también podría influir en la percepción de los inversores extranjeros sobre la seguridad jurídica en India.


