El 6 de octubre de 2026, el Consejo Electoral de Haití anunció la postergación indefinida de las elecciones presidenciales y legislativas previstas para finales de ese año. La decisión se tomó en medio de una escalada de violencia en la capital, Puerto Príncipe, y la imposibilidad de garantizar la seguridad de los votantes y del personal electoral.
Autoridades locales señalaron que la falta de recursos logísticos, la escasez de personal capacitado y la amenaza constante de grupos armados, incluidos los pandilleros y milicias locales, hacen inviable la realización de una votación libre y segura. La comunidad internacional, a través de la ONU y la OEA, ha reiterado su disposición a apoyar financieramente un proceso electoral, pero sin condiciones de seguridad, cualquier intento sería un fracaso.
El presidente interino, Ariel Henry, ha pedido al Consejo Electoral que establezca un nuevo calendario tan pronto como mejore la situación de seguridad. Sin embargo, la fragmentación política y la ausencia de consenso entre los principales partidos dificultan la formulación de una hoja de ruta clara.
Mientras tanto, la población haitiana enfrenta una creciente frustración ante la falta de representación democrática, lo que alimenta protestas y migraciones internas. Observadores internacionales advierten que la prolongada ausencia de un gobierno electo podría agravar la crisis humanitaria y económica que ya afecta al país.

