El 24 de septiembre de 2026, Pakistán ejecutó una serie de diez ataques aéreos contra objetivos que, según su gobierno, estaban vinculados a grupos insurgentes en la provincia de Khost, Afganistán. Las fuerzas pakistaníes aseguraron que los bombardeos fueron "estrictamente limitados a objetivos militares identificados".
Sin embargo, la información recopilada por el Talibán, que controla la mayor parte del territorio afgano, indica que los ataques causaron la muerte de cuatro civiles inocentes: dos mujeres y dos niños. Las víctimas fueron alcanzadas en una zona rural donde se encontraban realizando labores agrícolas.
La comunidad internacional, a través de la ONU y organizaciones de derechos humanos, ha condenado los bombardeos, calificándolos de desproporcionados y potencialmente violatorios del derecho internacional humanitario. La escalada de violencia en la frontera plantea riesgos de una mayor militarización y de un conflicto más amplio entre ambos países.
El Talibán ha denunciado la acción como una violación de la soberanía afgana y ha exigido a Pakistán que cese sus operaciones militares transfronterizas. Mientras tanto, Pakistán mantiene que sus acciones fueron una respuesta necesaria a amenazas de grupos militantes que operan desde territorio afgano.