Según el Ministerio del Interior de Senegal, una embarcación de poca capacidad que partía de la costa de Dakar se hundió en la madrugada del 8 de noviembre, dejando al menos 21 fallecidos y una persona rescatada. Las autoridades iniciaron una operación de búsqueda que continúa, aunque el número exacto de desaparecidos aún se desconoce.
Los sobrevivientes y testigos indican que la embarcación, sobrecargada y en malas condiciones, intentaba cruzar el Atlántico hacia las Islas Canarias, una ruta frecuentemente utilizada por migrantes que huyen de la inestabilidad en África Occidental. La falta de equipos de salvamento adecuados y la proximidad de la costa dificultaron la respuesta inmediata.
Este incidente se suma a una serie de tragedias marítimas en la región, donde cientos de migrantes pierden la vida cada año al intentar cruzar aguas peligrosas. Organizaciones de derechos humanos han denunciado la ausencia de políticas coordinadas entre los países de origen, tránsito y destino, lo que perpetúa la vulnerabilidad de los migrantes.
El gobierno senegalés ha anunciado la revisión de sus protocolos de vigilancia marítima y ha pedido a la Unión Europea una mayor cooperación en operaciones de rescate y en la gestión de la migración irregular. La comunidad internacional observa con preocupación el aumento de estos siniestros y la necesidad de soluciones estructurales.
