El programa de debate televisado en París reunió a los principales candidatos a la presidencia, destacándose la figura de Jean‑Luc Mélenchon, líder del Frente Popular. Durante la discusión, Mélenchon defendió su visión de una república más social y criticó las políticas neoliberales del gobierno actual, mientras sus oponentes lo acusaron de extremismo y de promover ideas radicales. El público mostró una respuesta dividida: algunos lo aplaudieron como un “héroe” de la justicia social, mientras que otros lo catalogaron como un “radical” que amenaza la estabilidad del país.
El debate, transmitido en vivo por varias cadenas europeas, incluyó preguntas sobre la política exterior, la economía y la reforma constitucional. Mélenchon propuso la nacionalización de sectores estratégicos y una mayor inversión en energías renovables, lo que resonó con los votantes jóvenes y sindicales. Sin embargo, sus críticos señalaron su historial de declaraciones polémicas y su cercanía a movimientos populistas.
Los analistas políticos advierten que el desempeño de Mélenchon en el debate podría influir significativamente en las encuestas, acercándolo a la segunda vuelta. La campaña se intensifica a medida que se acercan las primarias internas de los partidos tradicionales, y la posición de Mélenchon podría obligar a los candidatos de centro-derecha a reconsiderar sus estrategias.
En el contexto internacional, la posible victoria de un candidato de izquierda radical en Francia tendría repercusiones en la política europea, especialmente en temas como la defensa común, la política migratoria y la relación con la Unión Europea, donde Francia juega un papel clave.

