Durante la intervención del presidente de EE. UU., Donald Trump, ante la Asamblea General de la ONU, la delegación cubana decidió abandonar la sala en señal de protesta. La medida se produjo tras una serie de críticas del mandatario estadounidense hacia el gobierno de La Habana, acusándolo de violaciones sistemáticas de derechos humanos y de apoyar a regímenes autoritarios.
El portavoz cubano, Carlos Mendoza, declaró que la salida fue una respuesta “inevitable” ante lo que describió como “un discurso hostil y desinformado”. La acción fue acompañada por una breve manifestación fuera del recinto, donde varios diplomáticos cubanos portaron pancartas con mensajes de solidaridad y resistencia.
La reacción de EE. UU. fue de sorpresa, aunque el propio Trump calificó la salida como “una muestra de la intolerancia cubana”. En Washington, funcionarios del Departamento de Estado reiteraron su postura de presión sobre La Habana, señalando la posibilidad de nuevas sanciones económicas.
Analistas internacionales advierten que este episodio podría escalar en una serie de intercambios diplomáticos más duros, afectando no solo las relaciones bilaterales sino también la dinámica de la comunidad latinoamericana dentro de la ONU.

