Un explosivo detonó en la terminal internacional del Aeropuerto Rey Khalid de Riad el lunes por la mañana, provocando la muerte de doce personas y dejando a más de 300 heridos, según informó la autoridad aeroportuaria saudí. El grupo militante hutí, que lucha contra la coalición liderada por Arabia Saudí en Yemen, se atribuyó la responsabilidad del atentado, calificándolo de "crimen de guerra".
El presidente Donald Trump, en una entrevista televisada, declaró que EE.UU. "puede" considerar unirse a los bombardeos saudíes contra los hutíes, argumentando que la acción busca proteger la seguridad regional y los intereses estadounidenses en el Golfo. La posible participación estadounidense eleva la tensión diplomática, ya que Washington había mantenido una postura ambivalente respecto al conflicto y ahora se perfila una escalada militar directa.
Expertos en seguridad advierten que la combinación de un ataque terrorista en territorio saudí y la amenaza de intervención estadounidense podría desencadenar una nueva fase del conflicto y provocar una mayor inestabilidad en la región. Además, la comunidad internacional ha llamado a la moderación, recordando los altos costos humanitarios del conflicto y la necesidad de una solución política negociada.
Mientras tanto, la coalición saudí ha prometido responder con fuerza, y los hutíes han anunciado que intensificarán sus operaciones contra objetivos estratégicos en Arabia Saudí. La situación sigue evolucionando rápidamente, y los gobiernos de la región y de EE.UU. están evaluando sus opciones militares y diplomáticas en los próximos días.

