En una entrevista televisiva emitida el 15 de octubre, el expresidente Donald Trump afirmó que Abdul El‑Sayed, candidato demócrata al Senado de Michigan, es miembro de la Hermandad Musulmana. La acusación, que carece de evidencia pública, forma parte de una estrategia de ataque personal que el exmandatario ha empleado contra varios rivales políticos durante su campaña de 2026.
Trump sostuvo que la supuesta afiliación de El‑Sayed a la organización islamista representa una amenaza para la seguridad nacional y para los valores democráticos de Estados Unidos. La declaración fue acompañada por un llamado a los votantes a rechazar al candidato, calificándolo de “extremista encubierto”.
El candidato El‑Sayed, médico y exalcalde de Detroit, negó rotundamente cualquier vínculo con la Hermandad Musulmana y calificó la acusación de “difamación política”. Su campaña ha centrado su mensaje en la salud pública, la justicia social y la revitalización económica de la región del Gran Lago.
La polémica ha generado reacciones mixtas entre los medios y los analistas políticos. Mientras algunos críticos consideran la acusación como un intento de desviar la atención de los problemas locales, otros advierten que el uso de etiquetas religiosas puede alimentar la intolerancia y la división en una campaña ya altamente polarizada.

