En la madrugada del 7 de octubre de 2026, varios misiles balísticos y drones de fabricación rusa impactaron en distintos puntos de Kiev, provocando la muerte de al menos dos civiles y dejando a decenas de heridos. Las explosiones se produjeron cerca del centro histórico y en zonas residenciales de la capital, generando pánico entre la población.
El presidente Volodímir Zelenski, quien se encontraba en la ciudad en ese momento, condenó el ataque como una "crueldad sin precedentes" y solicitó a la comunidad internacional una respuesta más firme contra la agresión rusa. Las autoridades ucranianas activaron los sistemas de defensa aérea Patriot y reportaron que varios proyectiles fueron interceptados antes de alcanzar sus objetivos.
El ataque también alcanzó otras ciudades importantes como Dnipro, Zaporiyia y Kremenchuk, donde se registraron daños materiales y víctimas adicionales. Testigos describieron el sonido ensordecedor de los impactos y la rápida evacuación de los edificios cercanos a los puntos de impacto.
Este nuevo episodio de violencia subraya la escalada del conflicto armado entre Rusia y Ucrania, que ya lleva más de dos años en curso, y plantea serias dudas sobre la capacidad de los esfuerzos diplomáticos para frenar la violencia. La comunidad internacional ha reiterado su apoyo a Ucrania, pero la amenaza de nuevos ataques aéreos sigue latente.

