Las autoridades estadounidenses anunciaron el pasado lunes la imposición de sanciones secundarias contra cualquier entidad que proporcione servicios de aviación a Irán, incluyendo combustible, mantenimiento y asistencia en tierra. La medida, que se enmarca dentro de la política de “máxima presión” contra el programa nuclear iraní, obliga a compañías extranjeras a cortar sus relaciones con el sector aeronáutico persa bajo amenaza de ser ellas mismas sancionadas.
Como consecuencia inmediata, varios aeropuertos europeos y del Oriente Medio han suspendido la venta de combustible a aerolíneas iraníes y han cancelado vuelos programados. Operadores de bajo costo que dependían de rutas a Teherán han anunciado la reprogramación o el cierre temporal de sus servicios, lo que afecta a miles de pasajeros que esperaban viajar por motivos de negocios o turismo.
Los analistas de la industria señalan que la medida también impacta a proveedores de servicios de mantenimiento y a empresas de catering, que ahora deben buscar clientes alternativos o enfrentar la pérdida de ingresos. Además, la incertidumbre generada por la amenaza de sanciones secundarias dificulta la planificación a mediano plazo de las aerolíneas que operan en la región.
El gobierno iraní ha calificado la decisión como una “agresión económica” y ha prometido buscar vías de resistencia, mientras que Washington sostiene que la presión es necesaria para obligar a Irán a retomar las negociaciones sobre su programa nuclear. La comunidad internacional observa con atención cómo evoluciona la situación y sus repercusiones en el tráfico aéreo global.



