El 17 de octubre de 2026, cientos de miles de ciudadanos se congregaron en París, Lyon, Marsella y otras ciudades francesas para protestar contra el encarecimiento de bienes esenciales y el aumento del costo de vida. Las manifestaciones, organizadas por sindicatos y movimientos sociales, se tornaron violentas en varios puntos, lo que llevó a la policía a detener a decenas de manifestantes.
Las autoridades anunciaron la detención de al menos 45 personas en París y 30 en otras ciudades, bajo cargos de alteración del orden público y resistencia a la autoridad. Los manifestantes exigían la revocación de las recientes medidas de austeridad, la reducción de impuestos sobre la energía y el aumento de salarios mínimos.
El gobierno de Macron, que ha intentado equilibrar la inflación con reformas estructurales, declaró que está dispuesto a dialogar, pero mantuvo su postura de que las medidas son necesarias para estabilizar la economía. Sin embargo, la magnitud de la movilización ha generado temores de una escalada de la conflictividad social, similar a las protestas de los años anteriores.
Analistas políticos advierten que la crisis del costo de vida podría traducirse en una pérdida de apoyo electoral para el presidente, y que los partidos de oposición podrían capitalizar el descontento para fortalecer su posición en las próximas elecciones locales y europeas.


