El 23 de septiembre de 2026, el secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, anunció que la administración de Donald Trump había extendido una invitación formal al presidente ruso, Vladimir Putin, para que participe en la cumbre del G20 que se celebrará en Miami en noviembre. Rubio describió la invitación como una "oportunidad única" para que el líder ruso se encuentre cara a cara con los principales mandatarios del planeta.
La propuesta llega en un momento de alta tensión entre Washington y Moscú, tras la imposición de nuevas sanciones económicas por parte de EE.UU. y la Unión Europea en respuesta a actividades cibernéticas y presuntos intentos de interferencia electoral. La comunidad internacional está dividida: algunos aliados consideran que la presencia de Putin podría facilitar la diplomacia preventiva, mientras que críticos advierten que podría servir de plataforma para que Rusia evada la presión internacional.
El presidente Trump, quien ha buscado una postura más conciliadora con Rusia, ha señalado que la participación de Putin podría abrir canales de negociación sobre temas críticos como la seguridad en Europa del Este, la crisis en Ucrania y la proliferación nuclear. Sin embargo, legisladores republicanos y demócratas han expresado su preocupación por la legitimación de un líder acusado de violaciones de derechos humanos y agresiones militares.
Los organizadores del G20 han confirmado que, de aceptarse la invitación, Putin tendría acceso a sesiones bilaterales y a la agenda principal del encuentro, que incluirá debates sobre cambio climático, comercio global y seguridad cibernética. La decisión final dependerá de la respuesta de la administración rusa y de la evaluación de riesgos por parte de la comunidad internacional.

