A pesar del alto el fuego entre Estados Unidos e Irán, las consecuencias económicas del conflicto continúan afectando severamente a Europa. Los principales aeropuertos del continente enfrentan una crisis de combustible derivada de las disrupciones en las rutas de suministro marítimo que aún no se han normalizado completamente.
Las compañías aéreas han tenido que reducir operaciones y algunas rutas internacionales enfrentan cancelaciones o retrasos significativos. Los expertos en transporte aéreo advierten que la situación podría prolongarse durante varias semanas más, hasta que las cadenas de suministro de combustible se estabilicen completamente y los tanques de reserva de los aeropuertos se replenecen.
En el frente político-militar, Israel ha adoptado una posición inflexible respecto a las negociaciones con Hezbolá. El embajador israelí en Estados Unidos ha declarado categóricamente que Israel no discutirá un alto el fuego con el grupo chiíta libanés, lo que representa un obstáculo fundamental para cualquier esfuerzo de paz regional integral.
Las conversaciones programadas en Washington entre autoridades israelís y libanesas se desarrollan en un clima de profunda desconfianza. Mientras la comunidad internacional presiona por un acuerdo que incluya a todos los actores de la región, Jerusalem insiste en que Hezbolá debe ser desarmado antes de cualquier negociación sobre normalización de relaciones.
La situación genera preocupación en las capitales europeas y en la ONU, que advierten que un acuerdo de paz que no incluya a todos los actores regionales tendrá pocas posibilidades de sostenerse a largo plazo. El gobierno libanés, por su parte, enfrenta una crisis humanitaria creciente que requiere soluciones urgentes.

