El Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD) obtuvo una victoria contundente en las elecciones parlamentarias celebradas el 24 de septiembre de 2026, cuadruplicando sus escaños y convirtiéndose en la fuerza dominante del Congreso. La participación electoral alcanzó su segundo nivel más bajo desde la instauración del actual rey, Mohammed VI, reflejando un creciente desencanto ciudadano.
A pesar del éxito del PJD, la cámara quedó altamente fragmentada: varios partidos menores lograron superar el umbral electoral, lo que complica la formación de mayorías estables. El rey, que mantiene amplios poderes ejecutivos, deberá negociar con una oposición dispersa para impulsar reformas económicas y sociales que ha prometido.
Los analistas advierten que la baja participación podría debilitar la legitimidad del nuevo parlamento y alimentar movimientos de protesta, especialmente en áreas rurales donde la percepción de exclusión es mayor. Asimismo, la victoria del PJD reaviva temores de una mayor influencia de corrientes islamistas moderadas en la política marroquí.
En el plano internacional, la consolidación del PJD es observada con cautela por la Unión Europea y Estados Unidos, que buscan estabilidad en la región del Magreb y la cooperación en temas de migración y seguridad.

