Si bien Estados Unidos mostró capacidad operativa en ataques selectivos, el resultado estratégico es negativo. Irán, a pesar de las pérdidas, consolidó su posición como protagonista regional y demostró que puede desafiar a EE.UU. sin consecuencias graves. El autoritarismo de Trump y la gestión de la guerra aceleran la pérdida de aliados y socavam la influencia global estadounidense, marcando un punto de inflexión en la hegemonía pos-bélica.

