El 9 de octubre, el portaviones USS Lincoln arribó al puerto de Norfolk después de una histórica misión de 265 días en el mar, la más larga de su clase dedicada al apoyo de la campaña contra Irán. La tripulación, agotada pero aliviada, expresó su satisfacción por el retorno a tierra firme y la oportunidad de reunirse con sus familias.
Durante su despliegue, el Lincoln llevó a cabo operaciones de vigilancia, patrullaje y lanzamiento de misiles que buscaban disuadir a Irán de expandir sus actividades nucleares y de apoyo a grupos militantes en la región. La misión también incluyó ejercicios conjuntos con fuerzas navales de aliados europeos y del Golfo.
Sin embargo, los largos periodos en alta mar generaron tensiones a bordo, con reportes de condiciones de vida estrechas y problemas de salud mental entre la tripulación. Los oficiales de la Marina anunciaron la implementación de programas de apoyo psicológico para los marinos que participaron en la operación.
El regreso del Lincoln se produce en un momento de creciente tensión entre EE.UU. e Irán, donde ambas partes continúan intercambiando amenazas diplomáticas y militares. Analistas señalan que la presencia del portaviones seguirá siendo un elemento clave de la estrategia estadounidense en el Oriente Medio.

