El 1 de octubre de 2026 se celebró la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil, en la que el mandatario Luiz Inácio Lula da Silva buscaba un cuarto mandato. Su campaña se ha centrado en los logros de reducción de la pobreza y la expansión de programas sociales, que le granjearon apoyo entre los sectores más vulnerables.
Sin embargo, en los últimos días surgieron dos controversias que amenazan su popularidad. Primero, el gobierno aprobó la prohibición del juego en línea, una medida que afecta a operadores internacionales y a miles de usuarios brasileños. Segundo, la deuda pública alcanzó niveles récord, superando los 1,2 billones de dólares, lo que genera preocupación entre los mercados financieros y los votantes de clase media.
Los analistas señalan que, aunque el historial anti‑pobreza de Lula sigue siendo un activo importante, la combinación de restricciones económicas y la percepción de una gestión fiscal irresponsable podría inclinar la balanza a favor del candidato opositor. La decisión de los votantes indecisos será crucial para determinar si Brasil continuará con la agenda progresista o girará hacia una política más conservadora.
En el plano internacional, la reelección de Lula tendría implicaciones para la relación de Brasil con la Unión Europea, Estados Unidos y los países del Mercosur, especialmente en temas de comercio, cambio climático y cooperación en seguridad regional.


