Los partidos demócrata y republicano intensifican sus campañas en Georgia, estado que en los últimos ciclos ha oscilado entre ambos bandos y que ahora alberga una visita del ex presidente Obama para impulsar a los candidatos locales. Al mismo tiempo, el expresidente Trump recorre el estado para reforzar la línea conservadora y atraer a votantes indecisos.
En Texas, los líderes republicanos enfrentan críticas tras la aprobación de una serie de cambios en la normativa electoral, entre ellos la reducción de los periodos de votación anticipada y la imposición de requisitos más estrictos para la recolección de firmas. Los demócratas acusan a la mayoría legislativa de intentar manipular el proceso a su favor, una práctica que califican de gerrymandering moderno.
Ambas situaciones se desarrollan a menos de una semana de la jornada electoral, lo que eleva la presión sobre los comités de campaña y los observadores internacionales que vigilan la transparencia del proceso. El resultado de estos estados será determinante para definir la mayoría en la Cámara de Representantes y el Senado.
Los analistas advierten que cualquier irregularidad percibida podría desencadenar litigios prolongados y afectar la confianza ciudadana en la democracia estadounidense, mientras que los partidos buscan consolidar sus bases antes del voto decisivo.


