En una entrevista concedida el 22 de octubre de 2026, el embajador de Estados Unidos en Turquía, Tom Barrack, declaró que Washington necesita “repensar su rol en Oriente Medio” y pasar de una postura de control a una de colaboración estratégica. El diplomático subrayó que la prolongada presencia militar estadounidense ha generado resentimientos y que una nueva visión podría abrir espacio para negociaciones más equilibradas.
Barrack señaló que la creciente influencia de China y Rusia en la región obliga a EE.UU. a ajustar su enfoque, priorizando la diplomacia y la cooperación económica sobre la intervención militar directa. Asimismo, destacó la importancia de fortalecer la relación con Turquía como aliado clave para contener la expansión de grupos extremistas.
Las reacciones en Washington fueron mixtas: algunos funcionarios del Departamento de Estado respaldaron la idea de una política más flexible, mientras que sectores del Pentágono advirtieron que reducir la presencia militar podría crear vacíos que beneficien a actores hostiles. En Estambul, la comunidad internacional observó con atención la evolución de esta postura, anticipando posibles cambios en los acuerdos de seguridad existentes.
Analistas de política exterior consideran que este discurso marca un punto de inflexión en la estrategia estadounidense, que podría traducirse en la renegociación de tratados de defensa y la reconfiguración de la ayuda militar a países como Irak y Líbano.

