En una medida sorpresiva, Eritrea anunció la ruptura total de sus relaciones diplomáticas con Etiopía, citando “actos hostiles” y la interferencia en asuntos internos como motivos. La decisión se produce después de que Addis Abeba declarara la expulsión de diez diplomáticos eritrefos, calificándolos de “persona non grata”.
La tensión se intensificó tras una serie de incidentes fronterizos en la región de Badme, donde ambas naciones se acusan mutuamente de incursiones militares y apoyos a grupos rebeldes. La ruptura diplomática implica el cierre de la embajada eritrefa en Addis Abeba y la de la embajada etíope en Asmara, lo que dificulta los canales de comunicación directa.
Organizaciones regionales, como la Unión Africana, han expresado su preocupación y han llamado a ambas partes a retomar el diálogo para evitar una escalada que podría desestabilizar toda la zona del Cuerno de África, ya afectada por conflictos en Somalia y Sudán del Sur.
El cierre de los lazos diplomáticos también tiene repercusiones económicas, pues ambos países comparten rutas comerciales y proyectos de infraestructura que ahora podrían verse amenazados, afectando a comunidades locales y a la cooperación en seguridad fronteriza.


