El arzobispo Paul Gallagher, secretario de Estado del Vaticano, declaró a la BBC que la salud del Papa Francisco no debe considerarse como algo garantizado, pese a la ausencia de señales de enfermedad grave. Gallagher enfatizó que la edad avanzada del pontífice y su historial de problemas respiratorios hacen necesaria una vigilancia constante.
El diplomático señaló que cualquier deterioro de la salud del Papa tendría repercusiones en la agenda diplomática del Vaticano, que incluye mediaciones en conflictos como la guerra en Gaza y negociaciones con China sobre la designación de obispos. "La continuidad del liderazgo papal es esencial para la estabilidad de nuestras relaciones internacionales", afirmó Gallagher.
En los últimos meses, la Santa Sede ha intensificado su papel como actor neutral en negociaciones de paz, ofreciendo su sede como espacio de diálogo y enviando delegaciones a zonas de conflicto. La incertidumbre sobre la salud del Papa podría afectar la capacidad de respuesta rápida del Vaticano.
El Vaticano ha implementado protocolos médicos rigurosos, incluyendo revisiones periódicas y un equipo de especialistas que monitorean la condición del pontífice. Sin embargo, Gallagher recordó que la naturaleza de la salud humana es impredecible y que la comunidad católica debe estar preparada para cualquier eventualidad.

