Tras meses de relativa calma, el Frente de Liberación del Pueblo de Tigray (TPLF) ha reanudado ofensivas contra las fuerzas federales etíopes en la región de Tigray, provocando una escalada que ha reavivado temores de una guerra a gran escala.
Los vecinos del Cuerno de África, particularmente Sudán y Eritrea, han expresado preocupación por la posibilidad de que el conflicto se desborde hacia sus territorios. Sudán, que ya enfrenta su propia crisis interna, teme una oleada de refugiados, mientras que Eritrea mantiene una alianza estratégica con el gobierno de Addis Abeba y podría verse arrastrada a un enfrentamiento directo.
Kenia, que comparte una larga frontera con Tigray, ha llamado a la comunidad internacional a mediar urgentemente, advirtiendo que la inestabilidad podría afectar sus rutas comerciales y la seguridad alimentaria en la región. La ONU ha reiterado la necesidad de un alto el fuego, pero las negociaciones siguen estancadas.
La reactivación del conflicto también complica los esfuerzos de ayuda humanitaria, que ya estaban limitados por bloqueos y restricciones de acceso. Organizaciones internacionales advierten que la población civil enfrenta una nueva ola de desplazamientos internos y escasez de recursos básicos.

