En Port Sudan, la capital del estado de Red Sea, las familias enfrentan una situación crítica: los precios del agua potable se han disparado a niveles que muchas familias no pueden costear. Según Al Jazeera, la escasez se debe a la destrucción de infraestructura durante años de conflicto armado y a la presión de desplazados que buscan refugio en la zona costera.
Los residentes reportan que el costo de un cubo de agua ha aumentado hasta un 300 % respecto a los niveles preconflicto, lo que obliga a muchos a reducir el consumo a niveles peligrosamente bajos. La falta de suministro regular también ha provocado la proliferación de fuentes de agua no tratada, incrementando el riesgo de brotes de enfermedades transmitidas por el agua.
Organizaciones humanitarias internacionales, como la ONU y la Cruz Roja, han solicitado acceso sin restricciones a los puertos para la entrega de ayuda, pero la inseguridad y los bloqueos logísticos dificultan la distribución. Además, la presencia de milicias locales que controlan el acceso a los recursos hídricos complica aún más la situación.
El gobierno sudanés ha prometido una reconstrucción de la red de agua, pero la falta de fondos y la inestabilidad política hacen que la recuperación sea incierta. Mientras tanto, la comunidad internacional sigue monitoreando la crisis, advirtiendo que la falta de agua podría desencadenar una mayor migración interna hacia zonas más seguras del país.