En la madrugada del 30 de octubre de 2026, misiles lanzados por los rebeldes hutíes impactaron varios puntos estratégicos de la ciudad portuaria de Aden, provocando daños en infraestructuras civiles y generando una ola de pánico entre la población. Las autoridades locales reportaron al menos diez heridos y numerosos daños materiales, mientras los servicios de emergencia luchaban por atender a los afectados.
Ante la persistente amenaza, los residentes de Aden comenzaron a acumular alimentos, agua y medicinas, y a trazar rutas de evacuación hacia zonas más seguras del interior del país. Organizaciones humanitarias internacionales, como la ONU y la Cruz Roja, activaron planes de contingencia para proporcionar asistencia de emergencia, aunque el acceso sigue siendo limitado debido a los bloqueos y la inseguridad.
El ataque se produce en un contexto de creciente tensión entre los hutíes, respaldados por Irán, y el gobierno reconocido de Yemen, apoyado por la coalición liderada por Arabia Saudita. La reciente intensificación de los lanzamientos de misiles sugiere una posible escalada que podría desencadenar una nueva fase de guerra abierta, con consecuencias devastadoras para la ya frágil infraestructura del país.
La comunidad internacional ha llamado a la moderación y al cese de hostilidades, advirtiendo que una mayor violencia en Aden podría generar una crisis migratoria y alimentar la inestabilidad en el estrecho de Bab el‑Mandeb, una ruta marítima crucial para el comercio global.
