El viernes 30 de octubre de 2026, las fuerzas armadas rusas anunciaron que habían alcanzado objetivos estratégicos en la infraestructura energética de Kiev, destruyendo varias subestaciones y líneas de transmisión. El ataque se produjo simultáneamente con el paso de un convoy de ayuda humanitaria de la ONU que se dirigía a la ciudad sitiada de Oleshky, en el sur de Ucrania.
Según fuentes ucranianas, el convoy, compuesto por más de 30 camiones con alimentos, medicinas y suministros básicos, tuvo que detenerse en la carretera tras recibir informes de explosiones cercanas. Las autoridades locales temen que la interrupción del suministro eléctrico en la capital dificulte la coordinación de la respuesta humanitaria.
El presidente ucraniano denunció el ataque como una “táctica de castigo” contra la población civil y solicitó a la comunidad internacional que intensifique las sanciones contra Moscú. Por su parte, Moscú sostuvo que la operación estaba dirigida a instalaciones militares que apoyan la defensa de la capital.
El incidente aumenta la presión sobre los negociadores de paz y pone de relieve la vulnerabilidad de la infraestructura crítica en un conflicto que ya lleva más de cuatro años. La comunidad humanitaria advierte que la falta de energía podría empeorar la situación de cientos de miles de residentes en Kiev y en las zonas cercanas.
