El gobierno etíope confirmó la llegada de doce aviones de combate Su‑35 fabricados por Rusia, una de las plataformas más avanzadas de la Fuerza Aérea rusa. El primer ministro Abiy Ahmed anunció la entrega durante una cumbre en Moscú, donde también se discutió la futura compra del sistema de defensa aérea S‑400. La adquisición se enmarca en la estrategia de Addis Abeba de modernizar sus fuerzas armadas tras años de conflicto interno.
El país sigue enfrentando una insurgencia armada en la región de Tigray, donde grupos rebeldes continúan hostilizando a las fuerzas federales. La incorporación de los Su‑35, capaces de operar a gran altitud y con sofisticados sistemas de radar, podría cambiar el equilibrio militar en la zona. Sin embargo, la comunidad internacional observa con recelo la creciente presencia rusa en el Cuerno de África, temiendo una mayor dependencia de armamento occidentalmente restringido.
Washington y la Unión Europea han expresado su preocupación por la posible transferencia de tecnología militar avanzada a un estado con historial de violaciones de derechos humanos. Por su parte, Rusia destaca que la venta responde a la soberanía de Etiopía y a la necesidad de equilibrar la influencia occidental en la región.
Mientras tanto, la población civil sigue sufriendo desplazamientos y escasez de recursos, lo que convierte al fortalecimiento militar en un tema polémico dentro del debate interno sobre prioridades de seguridad y desarrollo.
