En varios estados del medio oeste y del sur, donde el apoyo a Donald Trump fue mayor en las últimas elecciones, los ganaderos describen una situación de “presión desde todos los lados”. Los precios del fertilizante han subido un 45 % respecto al año anterior, mientras que el costo del diésel ha aumentado un 30 % en los últimos seis meses.
A pesar de la crisis de costos, muchos productores siguen alineándose con la agenda de Trump, esperando que sus políticas de reducción de impuestos y de desregulación beneficien al sector a largo plazo. Algunos han manifestado su intención de participar en campañas de recaudación de fondos para el partido republicano, mientras critican las propuestas de regulación ambiental del gobierno actual.
Los analistas del Departamento de Agricultura de EE. UU. advierten que la combinación de inflación de insumos y la falta de apoyo federal podría llevar a una disminución de la producción de carne y granos, lo que impactaría los precios al consumidor. Sin embargo, la resiliencia de los ganaderos y su vínculo político con Trump podrían traducirse en una mayor presión sobre los legisladores para obtener subsidios o exenciones fiscales.
El panorama se complica con la incertidumbre sobre futuras políticas comerciales, especialmente en relación con los aranceles a productos agrícolas importados y la posible renegociación de acuerdos con México y Canadá, lo que mantiene a los productores en una posición de espera y adaptación constante.




