A medida que la guerra en Yemen avanza, las fuerzas en conflicto han bloqueado y destruido importantes carreteras y puertos, según informó Al Jazeera el 29 de septiembre de 2026. El cierre de la carretera principal que conecta la capital, Saná, con el puerto de Hodeidah, y la interrupción del puerto de Al Mokha, ha dejado a cientos de miles de personas sin acceso a suministros esenciales.
Las organizaciones humanitarias advierten que la interrupción del transporte terrestre y marítimo ha provocado un aumento drástico de los precios de los alimentos y una escasez crítica de medicamentos, especialmente para el tratamiento de la malaria y la desnutrición infantil. Los desplazados internos, que superan los 4 millones, se ven obligados a vivir en campamentos temporales con condiciones sanitarias precarias.
El bloqueo también afecta a los comerciantes locales, que dependen del flujo de mercancías para subsistir, generando una pérdida económica estimada en varios cientos de millones de dólares. La comunidad internacional ha llamado a un alto el fuego inmediato y a la apertura de corredores humanitarios, pero las negociaciones siguen estancadas.
Mientras tanto, la población civil enfrenta un riesgo creciente de brotes epidémicos y hambruna, con la ONU alertando que Yemen podría convertirse en el mayor foco de hambre del mundo si no se restablecen las rutas de suministro.
