El presidente israelí, Isaac Herzog, confirmó el viernes 5 de noviembre que reconoce los resultados de las elecciones legislativas celebradas el 1 de noviembre, y dio inicio a una ronda de reuniones de dos días con los líderes de los partidos parlamentarios para explorar posibles coaliciones. Herzog enfatizó que su objetivo es “garantizar la continuidad del Estado y la confianza de la ciudadanía”, y pidió a los partidos que superen sus diferencias ideológicas para evitar un nuevo bloqueo institucional.
Las urnas dejaron a la coalición liderada por el primer ministro saliente, Benjamin Netanyahu, sin la mayoría necesaria para gobernar. El bloque de derecha obtuvo 45 escaños, mientras que la alianza de centro‑izquierda encabezada por Yair Lapid alcanzó 42, y el partido de extrema derecha Otzma Yisrael obtuvo 7. Con 120 escaños en la Knesset, se requiere una mayoría de 61 para formar gobierno, por lo que Herzog deberá mediar entre varias formaciones, entre ellas el partido árabe Ra'am y el centrista Yesh Atid.
La decisión de Herzog de aceptar los resultados contrarresta los intentos de Netanyahu de cuestionar la legitimidad del proceso electoral, una táctica que había buscado desestabilizar al gobierno y movilizar a sus seguidores. Al reconocer la victoria de la oposición, Herzog debilita esa narrativa y abre la puerta a una posible coalición que incluya a partidos moderados y a la comunidad árabe, algo que no se había contemplado en la política israelí reciente.
El desarrollo de estas negociaciones será observado de cerca por Washington, la Unión Europea y los países vecinos, dado que la composición del nuevo gobierno influirá en la política de asentamientos en Cisjordania, la relación con Irán y la gestión de la seguridad en la frontera con Gaza. La comunidad internacional espera que el proceso sea rápido para evitar una prolongada inestabilidad que pueda escalar en la región.




