En el 7 de octubre de 2023, Hamas lanzó un ataque sorpresivo contra varios objetivos civiles en Israel, provocando la muerte de más de 1.300 personas y dejando decenas de miles de heridos. Tres años después, el país celebra ceremonias oficiales y actos de recuerdo en todo el territorio, mientras la prensa y la oposición política exigen respuestas sobre lo que el primer ministro Benjamin Netanyahu sabía antes del asalto.
Una investigación periodística de France 24 plantea que documentos de inteligencia y testimonios de altos mandos militares indican que el gobierno disponía de alertas de actividad hostil en la zona de Gaza, pero que no tomó medidas preventivas. La falta de acción ha alimentado una ola de críticas internas y ha puesto en el centro del debate la responsabilidad política de Netanyahu y su gabinete.
Al mismo tiempo, la economía israelí ha mostrado una notable resiliencia. Tras una breve contracción del PIB del 2,5 % en el trimestre posterior al ataque, los indicadores macroeconómicos apuntan a un crecimiento anual del 3,4 % en 2025, impulsado por la expansión del sector tecnológico y la recuperación del turismo interno. Analistas internacionales destacan que la capacidad de recuperación económica refuerza la posición de Israel como actor clave en la región.
El conjunto de estos factores –la presión política por la falta de información previa y la recuperación económica– plantea un escenario complejo para las próximas elecciones nacionales, previstas para finales de 2026. Los votantes deberán sopesar la gestión de la seguridad con la capacidad de crecimiento económico, mientras la comunidad internacional observa de cerca la evolución del conflicto en Oriente Medio.


