En medio del conflicto que ha devastado Sudán del Sur desde 2023, cientos de jóvenes desplazados han comenzado a desarrollar pequeñas iniciativas económicas para subsistir. Según el informe de Al Jazeera, estos emprendedores se dedican a la venta de artesanías, la reparación de electrodomésticos y la producción de alimentos callejeros, actividades que les permiten generar ingresos en ausencia de empleos formales.
Los datos revelan que aproximadamente 12.000 jóvenes han lanzado al menos 3.500 microempresas en los campamentos de desplazados de Juba y Malakal. La falta de apoyo institucional obliga a muchos a depender de microcréditos informales y de la solidaridad comunitaria para financiar sus proyectos.
Organizaciones no gubernamentales locales y algunas agencias de la ONU están comenzando a ofrecer capacitaciones en gestión empresarial y acceso a plataformas digitales para ampliar la venta de productos. Sin embargo, la inseguridad persistente y la escasez de infraestructura limitan el potencial de crecimiento y la posibilidad de conectar con mercados externos.
Este fenómeno refleja una tendencia más amplia en zonas de conflicto, donde la economía informal se vuelve el motor principal de supervivencia. Los gobiernos sudaneses y la comunidad internacional deberán considerar políticas que formalicen y apoyen a estos emprendedores para evitar que la crisis humanitaria se traduzca en una pérdida permanente de capital humano.



