La imputación de Raúl Castro por el presunto asesinato de un funcionario estadounidense en 1961, según acusaciones del Departamento de Justicia, ha generado una ola de protestas en Cuba. El gobierno de Havana ha condenado la medida como una 'infamia' que atenta contra la soberanía del país. China y Rusia han expresado su desacuerdo con la acusación, argumentando que EE.UU. está utilizando el caso para interferir en la política interna cubana. Paralelamente, el exlíder ha sido defendido por figuras como el actual presidente cubano, quien lo ha descrito como un símbolo de la Revolución. La controversia también ha resucitado debates sobre la relación histórica entre EE.UU. y Cuba, incluyendo el deshielo iniciado por Obama.


